IRAN

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Irán, un mundo cerrado al exterior y muy rico en su interior

Irán , antigua Persia, cuna de la civilización, origen de cuentos maravillosos y exóticos, tesoros sacados  de las mil y una noches, paisajes rojos y cúpulas, muchas cúpulas azules. Lo que espera allí al viajero es un enorme y muy cuidado patrimonio artístico y una población amable, atenta y deseosa de enseñar su país.

Lo primero que me llamó la atención a mi llegada fue el movimiento repentino de las mujeres que iban en el avión en cuanto empezamos a descender. En unos minutos y como por arte de magia pasamos a ver  su cabezas cubiertas por vistosos y coloridos pañuelos. Por supuesto,  las turistas  corrimos a hacer lo mismo, pero puedo asegurar que no nos quedaba igual de bien.

Empezamos nuestro viaje en Shiraz . Después de un rápido paso por  el control de pasaportes salimos del aeropuerto y  pasamos a oir el ruido del caos circulatorio, casi al nivel de ciudades como El Cairo: Coches, bocinas y atascos ¡Habíamos llegado!

Nos costó llegar a nuestro hotel , pero eso me dio tiempo para escuchar las mil explicaciones de nuestro guía sobre la moneda, las costumbres, la comida y, muy importante, las normas de vestimenta y de comportamiento: Los hombres por un lado y las mujeres por otro, a no ser que exista  algún parentesco. Están mal vistas las muestras de afecto entre distintos sexos, así que  nada de novios de la mano por la calle. Los hombres visten de manera  muy parecida a Europa, pero en cuanto a las mujeres, ahí si hay grandes diferencias. Todas tenemos la  obligación de llevar pañuelo en la cabeza, también  las extranjeras (no es necesario que tape todo el pelo, con llevarlo es suficiente) siempre que se sale a la calle o estás en un sitio público como restaurantes, oficinas etc., la ropa tiene que ser ancha, larga y en ningún caso marcar la figura femenina.  Lo cierto es que lo de llevar el pañuelo me parecía molestísimo al principio pero tardé menos de un día en acostumbrarme y olvidarme de que lo llevaba.

Irán, un mundo cerrado al exterior y muy rico en su interior

YAZD - IRAN

Shiraz es una ciudad bellísima. Se la conoce por sus jardines y sus poetas. ¡Qué Impresionante  el  jardín del Eran o Narenjestan, y eso que en febrero aún no está en todo su esplendor!  Cerca de allí tomamos contacto con lo que iba a ser una constante en todo el itinerario, la decoración de azulejo azul, con imposibles motivos geométricos o maravillosos temas vegetales.  El azul lo rodea todo dentro de las mezquitas, paredes y techos con esquinas que parecen estalactitas y cúpulas enormes que sobresalen por encima de los tejados. La primera que visitamos, la mezquita de Nasir-Ol-Molk, nos dejó sin palabras, y era sólo el principio de lo que nos esperaba el resto del viaje.

La vista a las tumbas de los poetas Saadi y Hafez es algo obligado si estas Shiraz. Los iraníes van en peregrinación, los veneran y respetan, incluso vimos como  a alguno se le saltaban las lágrimas mientras recitaban los poemas. Fue muy emocionante, pero nada comparado con lo que nos esperaba en  el Santuario de Ali Ebn e Hamzeh.  Allí en la entrada nos separaron por sexos y a las mujeres nos pusieron un enorme y floreado chador que nos cubría de la cabeza a los pies  ¡Aquí sí que hay que taparse bien el pelo! Una vez dentro, las paredes y techos están cubiertos de pequeños  trocitos de espejo que reflejan la luz por todas partes ¡El ambiente es  mágico! Pero lo que realmente me atrapó fueron las mujeres que se acercaron a nosotras nada más entrar. Nos sentamos en el suelo y rápidamente se pusieron a nuestro lado. Había una que hablaba inglés y empezó un aluvión de  preguntas sobre  nosotras y todas nuestras circunstancias: estado civil, trabajo, estudios…. Todo. También averiguamos cosas sobre ellas, como por ejemplo que en Irán la educación y la sanidad es gratuita, que todos, hombres y mujeres, tienen acceso libre a la universidad, que les encanta salir a comer a los restaurantes y que les gustaría mucho viajar y ver lo que hay fuera de su país. Desde ese momento, la visita a los Santuarios y mausoleos se había convertido en el momento preferido de cada ciudad a la que fuimos durante nuestro viaje.

Continuamos nuestro viaje hacia Yazd, pero en el camino hicimos la parada esperada: Persépolis y Pasargard. A nuestra llegada  nos esperaba el mundo  persa en todo su esplendor.  Está cuidadísimo y  preparado para que se conserve a través de tiempo y el visitante pueda transportarse a otra época.

A media tarde llegamos  Yazd. El color rojo de la tierra  del desierto está presente en las casas y el paisaje. La  religión de los Zoroastros  nos lleva a la antigüedad: Torres del Silencio en donde dejaban a sus muertos para alimento de los buitres, Torres del  Viento para soportar los duros veranos, La Llama sagrada que lleva ardiendo cientos de años… un mundo ancestral  que conserva toda su esencia.

Dejamos atrás Yazd y  nos acercamos a la joya de Irán, Isfahan.  Se necesitan muchos días para visitar  todo lo que ofrece  la ciudad.  No sé que es más impresionante, la plaza Naghshe Jahan  o algunos de  los 10 magníficos puentes sobre el río Zayande .

La plaza Naghshe Jahan o del Iman es la segunda más grande del mundo, justo detrás de la Tianamen. Esta considerada  Patrimonio de la Humanidad y cualquiera de los edificios que las circundan, Mezquita de Imam, la Mezquita de Sheikh Loftollah, el Palacio de Ali Qapou etc. merecen la pena detenernos para visitarlos por dentro.

Otro tesoro que no podíamos perdernos en nuestra visita a Isfahan es el barrio Armenio. Allí  quedamos abrumados por la decoración un tanto exagerada de la Catedral de Vank y un poco sobrecogidos cuando visitamos el museo del holocausto Armenio  y lo poco que conocemos de ello.

MEZQUITA DEL VIERNES - IRAN
PERSEPOLIS - IRAN

Camino de Teheran hicimos una parada en Kashan para ver el jardín de Eran, uno de los jardines persas mejor conservados. A pesar de ser invierno, no nos resultó  difícil imaginar como de maravilloso tenía que ser en su momento de esplendor. Ingeniosos sistemas de canales y fuentes para que el agua no faltase en ningún rincón y hubiera flores por todas partes.

Cuando llegamos a la capital todavía era de día. La ciudad se sitúa a los pies de la montaña. Desde ella se ve perfectamente la ladera nevada con sus estaciones de esquí. En Teheran el caos  del tráfico vuelve a reinar… al igual que el lujo desmedido del  Palacio de Golestan, antigua residencia Real de la dinastía Qajar dónde fueron coronados los dos reyes de la dinastía Pahleví.  Allí contrasta la riqueza exagerada del palacio con la sencillez del palacio-residencia en el que vivía el último Sha y su familia.

Después de esto, aún nos quedaban museos, mausoleos, mezquitas y palacios que visitar antes de abandonar Irán, pero hay que dejar algo para el próximo viaje.

Mamen Lopez

By | 2017-04-25T15:04:10+00:00 diciembre 29th, 2016|ASIA, Experiencia|Sin comentarios

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